Maestros flamencos piden que te acerques.

Theodorici Bouts, más conocido como Dirk Bouts, el pintor de la Última Cena, realizada entre el 1464 y 1467. Actualmente se puede ver en la catedral de Sint Pieterskerk en Lovaina (la vieja, la nueva no. La nueva tiene 5 minutos de existencia). Dirk Bouts es considerado un pintor dentro de la generación de los primitivos flamencos ¿Qué es un primitivo flamenco?  No, no es esto:

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Los primitivos flamencos son una serie de pintores que sentaron las bases de la pintura  de la segunda mitad del siglo XV. Se puede decir que Robert Campin fue el que encabeza esta cadena de maestros y aprendices tan larga, que incluso nos podría llevar hasta Rubens o Velázquez, ya entrados en el siglo XVII. Siguiendo el camino “inaugurado” por Campin ó Maestro de Flémalle (los investigadores no se aclaran con las atribuciones), siguen su estela el reconocidísimo Jan van Eyck, seguido por el fantástico e inolvidable Rogier van der Weyden (ó Rogier de la Pasture) y luego, saltándonos algunos -como Memling o Hugo van der Goes- llegamos por fin a Dirk Bouts. Éste sería el recorrido cronológico de los nombres más importantes, en el cual colocamos a Bouts como el heredero directo de distinos maestros que le precedieron, sabiendo lo significativo que es haber nacido con o sin la influencia de Weyden en tu trabajo. Bouts es claramente post weydeniano y eso amigas, se nota. Erwin Panofsky escribió sobre los primitivos flamencos, en su libro “Primitivos flamencos”, valga la redundancia. Este manual supone un pilar a la hora de entender uno de los movimientos artísticos más importantes de la historia del arte. Como dirían ahora los modernos, it’s a must.

No obstante, esta entrada no está dedicada a los primitivos flamencos, entendidos como una genealogía de pintores e iniciadores de nuevas sintaxis visuales. Lo siento, es un tema harto profundizado por toneladas de investigadores apellidados “Mc nosequé” con becas Fullbright, dispuestas a iluminarnos la cara con el nombre de su beca. ¡Yo he venido a hablar de Bouts, oiga!

Si algo tiene mucho encanto para mí, es ver arte in situ, ó lo más cerca de su contexto original, siempre y cuando sea posible. Acostumbrada a ver retablos de grandes maestros custodiados en museos, una se alegra de ver este ferrari de la pintura en una iglesia. Es una sensación esperanzadora dentro de tanta descontextualización de obras, ver por fin una que sigue en el mismo lugar para el que fue ideado. La Última Cena de Bouts fue encargada por la Cofradía del Santo Sacramento de Lovaina para la iglesia de San Pedro (Sint-Pitierskerk) y todavía sigue entre sus muros. El tesoro de ésta guarda el tríptico de la Última Cena (Het laatste avondmaal), el martirio de San Erasmo (Martelaarschap van Sint-Erasmus) y una de las 50000 copias del descendimiento de van der Weyden. Si quieres saber más sobre el fenómeno del descendimiento, precisamente publiqué una entrada acerca de ello. Bien, volviendo al tema que nos ocupa, si nos gastamos unos eurillos para visitar el tesoro de la iglesia, podremos disfrutar de estas magníficas pinturas de Bouts.

Desde una distancia prudencial.

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Vista general del tríptico de la Última Cena de Dirk Bouts, en una de las capillas radiales de la cabecera de la iglesia.

Una distancia que separa el espectador del cuadro unos 3 metros. Primera norma para disfrutar de la pintura flamenca, mientras menos espacio haya entre tu ojo y la capa pictórica, mejor.

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Detalle del tríptico de la Última cena, tabla superior izquierda “Encuentro entre Abraham y Melquisedec”

Porque una pintura flamenca se caracteriza por tener multitud de detalles minúsculos que solo se apreciarán si estamos cerca de ellos. Más allá de la información iconográfica ó histórica, observar un cuadro de este tipo con detenimiento es un placer estético. Joachim Patinir también es un maestro paisajista en el plano de lo anecdótico.

Si alguna vez tenéis la oportunidad de observar la Lamentación sobre Cristo Muerto de Quinten Massijs, os sorprenderá la importancia que cobra el fondo en detrimento de los personajes del primer plano, pareciendo incluso, menos trabajados que las arquitecturas bañadas en la perspectiva atmosférica en segundo plano. Por cierto, antes de que se me olvide, los maestros flamencos ya utilizaban este recurso para ganar profundidad en la escena antes de que lo hiciera Leonardo da Vinci -por mucho que duela-.

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Detalle de la Lamentación sobre Cristo Muerto de Quinten de Massijs, 1525,Museo de Lovaina.

El leitmotiv de esta entrada viene a raíz de mi disgusto por tener que ver La Última Cena de Dirk Bouts desde casi el presbiterio. Es como intentar ver el Canal + sin descodificar, un despropósito. Por desgracia, esto es un fenómeno que ocurre muchas veces. La cantidad de detalles que se pueden descubrir, se pierden totalmente. No sé si realmente es una cuestión de espacio ó de estructuración museística, pero es una lástima tener que ver cuadros a medias, cuando cada pincelada está perfectamente trazada y calculada, con una maestría sobrecogedora. Un talento así no se puede desperdiciar mirando la escena a 2 metros de distancia.

Dirk Bouts pide que te acerques para que valores su trabajo y descubras todo lo que ha puesto ahí, para ti, observadora atenta y curiosa. Pero no solo Dirk Bouts pide que te acerques. Rogier van der Weyden, en su tríptico de los siete sacramentos, no sólo te dice que te acerques, si no que lo radiografíes, que te quedes delante de él, que le dediques tiempo. Él te enseñará que también es capaz de sorprenderte con los más pequeños detalles, en los lugares más remotos de su iglesia ficticia de los Siete Sacramentos. Donde parece que no puede llegar a más nivel de detalle, él llegó, incluso a la hora de pintar la escultura situada encima de la capilla, y es más, dibujando las líneas del misal que tiene el clérigo a la derecha. Si os pica la curiosdidad, buscad imágenes del tríptico entero y buscad esta escena dentro de él. Os sorprendrá ver que está en un lugar recóndito y apartado. A pesar de estar en un lugar desaventajado en cuanto a protagonismo, esto no significa que no merezca la atención necesaria para que el autor vuelque su exigente pericia en dicha imagen. En eso se caracteriza la pintura flamenca, todo merece atención y mimo. Desde el Cristo crucificado en primer plano, pasando por las arquitecturas que haya detrás de él, hasta el pastor de cabras de la esquina superior derecha.

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Detalle del tríptico de los Siete Sacramentos de Rogier van der Weyden, 1440-45, Museo de Lovaina.

La pintura flamenca requiere de un ojo curioso, avispado y sobre todo paciente para poder entender todo lo que el pintor ha decidido colocar para nosotras. Puedes buscar a Wally en un libro y harás el mismo ejercicio que buscar un cerdo vestido de monja en un cuadro de Hyeronimus Bosch (Jerónimo de Bolduque, oh, como me encanta Hertogenbosch).

 A mí lo de los paisajes lejanos en la pintura flamenca me fascina. Me parece muy humilde hacer fondos magistrales que quedarán en segundo plano para siempre. No obstante, aún que quieran pasar desapercibidos, paisajes de este calibre, llaman la atención sin quererlo.

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Maestro flamenco perteneciente a algún taller de algún maestro flamenco importante allá por las primeras décadas del siglo XVI en Brujas o Amberes. No recuerdo el nombre del cuadro ni del autor. Monestir de Pedralbes.

En definitiva, el cuadro flamenco es un espacio heterogéneo en el cual hay cabida para todo. Lo sacro y lo anecdótico conviven en diferentes registros para proporcionar cada uno a su manera, una escena rica en matices. Una variedad de elementos amable que resta hieratismo sin restar dignidad a la imagen. Por eso, en la pintura flamenca, no es aplicable el concepto corbussieriano de “menos es más”. Y para terminar, en los lienzos pequeños, siempre hay más espacio para todo.

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Acerca de utavonnaumburg

¡Hola! Me llamo Tamar y me he consagrado a la capilla de San Historia del Arte. Tras años de estudio en esta materia, llegué a la conclusión de que sería interesante transmitir los conocimientos que he ido adquiriendo durante todo este tiempo y compartirlos con todo el mundo, porque no tendría ninguna gracia quedármelos. No me generan intereses. Esto no es como el banco.
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